Estamos enfrentando una crisis sin precedentes, que ha sido capaz de arrastrar a la gran mayoría de los países del mundo, afectando distintas dimensiones: salud, economía, desarrollo productivo, educación, entre otros. El COVID-19 es una pandemia multidimensional, que ha hecho alejarnos físicamente unos de otros y esto ha significado que muchos debamos aplicar el teletrabajo y la tele educación. Sin embargo, no todos estábamos preparados.
Es en este momento, lo que habíamos visto hasta ahora -en relación a los servicios digitales y su mercado-, ha quedado corto. Pues el teletrabajo como lo habíamos pensado no ha estado a la altura de la situación. Hoy necesitamos Tele-Hogar-Trabajo, un concepto nuevo en donde debemos convivir con las responsabilidades del trabajo, el encierro en nuestro hogar y todas las ramificaciones que ello significa -agregando un alto grado de estrés por la incertidumbre que esto genera-: cuidado a nuestros hijos, limpieza, distracción, espacios de conversación y trabajo. En un período de tiempo muy corto nos hemos visto frente a la necesidad de cambiar nuestras vidas.
Es una situación compleja que aqueja a Chile y al mundo. En particular, a este país y a este Gobierno le tocó un momento difícil en donde la implementación de programas deben ir orientados a un objetivo totalmente distinto. Esto es levantar la empleabilidad, la economía y la moral de la ciudadanía, de manera efectiva y rápida. Siguiendo la analogía de atacar este virus, debe apoyar con urgencia el empleo, la salud mental y la economía.
Los negocios, las empresas y las personas en general no tienen dinero en sus bolsillos y se requiere circulante para incentivar el consumo. Aquí no faltan máquinas, no falta inversión: falta liquidez y sobran las ganas, la osadía y el entusiasmo por salir adelante de manera urgente. Pronto estaremos como verdaderos turistas frente a elefantes blancos, visitando grandes atractivos, pero sin dinero para gastar y/o con los atractivos cerrados. Ni una ni la otra sirven, si no hay plata para gastar.
Esta es, tal vez, la gran oportunidad de emplear estrategias comunicacionales, innovadoras y tecnológicas para educar con “sentido” a la humanidad. La 4ta Revolución Industrial quedó chica, hoy es momento de una 5ta Revolución industrial. Con esto se derriba el paradigma que los cambios culturales son lentos. Los cambios culturales son en un abrir y cerrar de ojos.
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