Gloria Ana Chevesich asumió como la primera mujer en liderar el máximo tribunal, en medio de una profunda crisis de credibilidad del Poder Judicial
En un discurso marcado por la autocrítica y el reconocimiento explícito del malestar ciudadano, la ministra Gloria Ana Chevesich juró este martes como presidenta de la Corte Suprema, convirtiéndose en la primera mujer en la historia de Chile en encabezar el máximo tribunal del país, en un momento especialmente sensible para el Poder Judicial.
Lejos de eludir los cuestionamientos que hoy pesan sobre la justicia, Chevesich abordó uno de los reproches más extendidos entre la ciudadanía: la percepción de que en Chile existe “una justicia para ricos y otra para pobres”. La nueva presidenta reconoció que se trata de una crítica que “muchos comparten” y que ha calado hondo en la evaluación pública del sistema judicial, señalando que esta percepción no puede ser ignorada ni desestimada como una simple mala interpretación.
En su intervención, la magistrada fue enfática en rechazar cualquier tipo de privilegio asociado a la posición social, económica o política de quienes litigan ante los tribunales. Sostuvo que el trato igualitario a todos los justiciables es uno de los pilares que da sentido y legitimidad a la labor judicial, y advirtió que los errores —inevitables en una labor humana— no pueden ni deben opacar el trabajo cotidiano de cientos de resoluciones que sí contribuyen a la paz social.
El discurso se dio en el contexto de una crisis institucional sin precedentes, marcada por la remoción y destitución de ministros de tribunales superiores por faltas a la probidad, hechos que la propia presidenta calificó como graves y determinantes en el descrédito del Poder Judicial ante la opinión pública. No obstante, defendió que estas conductas no pueden transformarse en un estigma para las más de 14 mil personas que integran el sistema judicial y que, a diario, cumplen su función de manera honesta y comprometida.
Chevesich también reconoció otros factores que alimentan la desconfianza ciudadana, como los retrasos excesivos en la tramitación de causas, la deficiente atención a usuarios, y una justicia que, al tardar, “deja de ser justicia”. Admitió que los atrasos, en algunos casos de años, generan frustración y desgaste tanto en las personas que acuden a tribunales como en los propios funcionarios y jueces.
En un mensaje dirigido directamente a la ciudadanía crítica del sistema, la nueva presidenta afirmó que, si bien la opinión pública no debe influir en el contenido de los fallos, sí importa —y mucho— en la evaluación del comportamiento, la ética y la credibilidad del Poder Judicial, ya que sin confianza en la justicia se debilita no solo el Estado de Derecho, sino también la democracia.
Finalmente, Gloria Ana Chevesich destacó el carácter histórico de su nombramiento, señalando que su llegada a la presidencia de la Corte Suprema pone fin a más de 200 años de exclusión femenina en el máximo cargo de la magistratura. En un mensaje dirigido especialmente a niñas y mujeres, sostuvo que no existen límites insuperables y que las barreras de género pueden ser enfrentadas con perseverancia, estudio y convicción.
El discurso, lejos de ser triunfalista, dejó en evidencia el desafío que enfrenta el Poder Judicial para reconstruir su legitimidad, responder a las críticas ciudadanas y demostrar, en los hechos, que la justicia debe ser igual para todos.

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