Guardianes del cielo oscuro: estudiantes de Andacollo monitorean la iluminación de su comuna

Foto 1Un grupo de estudiantes de la Escuela Patricio Lynch de Andacollo, perteneciente al Servicio Local de Educación Pública Puerto Cordillera, se ha convertido en protagonista en la protección del cielo nocturno. Niñas y niños desde quinto a octavo básico participan activamente en la supervisión de luminarias de su entorno, verificando que cumplan con la normativa ambiental vigente. Su iniciativa ha sido tan inspiradora que ya ha dado origen a otras dos brigadas en la región.

Andacollo cuenta con condiciones privilegiadas para la observación astronómica, gracias a su altura y clima seco, que permiten cielos despejados durante gran parte del año. Además, se encuentra cerca de importantes observatorios como Cerro Tololo, Mamalluca y SOAR. En este contexto, hace más de una década, el taller de astronomía del establecimiento dio un paso más allá del aula. Bajo la guía de la profesora Andrea Castillo, se conformó la primera “Brigada de Protección de los Cielos” de la Región de Coquimbo.

El grupo no solo promueve la divulgación científica, sino que también realiza un trabajo concreto en terreno: identificar y reportar luminarias que no respetan las regulaciones, las cuales pueden afectar la visibilidad del cielo nocturno. Actualmente, la normativa establece que, en zonas de especial protección astronómica, las luces deben orientarse hacia el suelo, limitar la emisión de luz azul a un máximo de 1% y apagar pantallas publicitarias y focos deportivos a medianoche.

Valentina Arancibia, exalumna del taller y hoy astrónoma vinculada al Observatorio AURA, recuerda que al inicio no fue sencillo generar conciencia en la comunidad, ya que muchas personas asocian iluminación con mayor seguridad. Sin embargo, destaca que gracias al trabajo sostenido de la brigada, Andacollo ha logrado posicionarse como uno de los mejores lugares para observar las estrellas, incluso con mejoras concretas como el recambio de luminarias en el estadio local.

La profesora Andrea Castillo señala que el objetivo principal es acercar la astronomía a la comunidad y, al mismo tiempo, resguardar la biodiversidad nocturna. La iniciativa surgió tras la participación en un concurso de iluminación sustentable organizado por la Seremi de Medio Ambiente, donde obtuvieron el primer lugar. Ese logro impulsó la idea de mantener este trabajo de forma permanente.

En el taller, los estudiantes no solo visitan observatorios y aprenden contenidos científicos, sino que también desarrollan habilidades prácticas para identificar luminarias inadecuadas, utilizando herramientas simples como sus propios celulares para registrar y reportar información. El impacto del proyecto ha traspasado fronteras locales, motivando la creación de brigadas similares en comunas como Río Hurtado y La Higuera, integradas hoy por estudiantes, universitarios y aficionados a la astronomía.

Quienes participan valoran especialmente la metodología dinámica del taller. Actividades como juegos, trivias y elaboración de material educativo forman parte de su aprendizaje. Además, han tenido la oportunidad de compartir sus conocimientos en eventos como el AstroDay de La Serena, donde son los propios estudiantes quienes exponen, generando mayor cercanía con el público. Aunque la participación en el taller es voluntaria y no tiene evaluación académica, cada año convoca a decenas de estudiantes. La directora del establecimiento, Jeanette Godoy, destaca que el entusiasmo de los niños se refleja en sus hogares, promoviendo así un compromiso comunitario más amplio.

El trabajo de la profesora Andrea Castillo ha sido ampliamente reconocido. En 2020 recibió el premio internacional Night Sky Defenders de la Asociación Internacional de Cielos Oscuros, y en 2022 fue distinguida por la fundación Camiseteados en Chile.

A esto se suma la incorporación, en 2024, de un sensor de contaminación lumínica donado por la Universidad de La Serena, el cual permite medir la luz artificial en el entorno y detectar nuevas fuentes de iluminación. Para estudiantes como Alison Cáceres, la experiencia ha sido significativa: aprender fuera del aula, mediante actividades lúdicas, ha despertado en ella un mayor interés por observar el cielo. Hoy, mirar las estrellas forma parte de su vida cotidiana.