LACTAR SIN CULPA: UNA MIRADA CRÍTICA A LA PRESIÓN DURANTE EL MES DE LA LACTANCIA MATERNA

Madre amamantando a su bebé recibiendo apoyo profesional y acompañamiento emocional
⚡ Puntos Clave de la Noticia:
  • La presión por amamantar ignora frecuentemente factores como el dolor y las grietas, principales causas de abandono.
  • El abandono de la lactancia no se debe a falta de amor, sino a una deficiente red de apoyo y falta de asesoría técnica oportuna.
  • Es necesario transitar de un modelo de promoción discursiva a uno de acompañamiento clínico efectivo en todos los controles de salud.

Cada agosto los pasillos de hospitales, universidades y redes sociales se llenan de un mismo mensaje: "La leche materna es el mejor alimento", "dale pecho a tu bebé", "Un mes para celebrar la lactancia". Como enfermero que ha trabajado junto a recién nacidos y sus madres en los momentos más vulnerables de ambos, no tengo dudas de los beneficios de la lactancia. Pero por otra parte, como docente que tiene la responsabilidad de colaborar en la formación de quienes acompañarán a las próximas generaciones de madres, creo que también debo decir algo que rara vez se dice en estas campañas; existe una línea muy delgada entre promover la lactancia y presionar a una mujer que ya está agotada, adolorida y llena de dudas. Y esa línea, cuando la cruzamos, hace más daño del que reconocemos.

Durante años trabajé de cerca con madres primerizas en unidades neonatales, y ahí aprendí algo que la evidencia confirma una y otra vez; cuando una madre deja de lactar, casi nunca es porque no quiera hacerlo. La literatura en salud materno-infantil, tanto en Chile como en otros países de la región, señala de forma consistente que el dolor, grietas en los pezones, mastalgia, un mal agarre que nadie corrigió a tiempo, es uno de los motivos más frecuentes de abandono precoz de la lactancia. No es falta de voluntad ni de amor. Es un cuerpo que sufre y un sistema que muchas veces no llega a tiempo con la ayuda adecuada.

Y aquí aparece la culpa, esa compañera silenciosa que casi ninguna campaña menciona. Una madre que soporta el dolor, día tras noche, porque "hay que aguantar por el bien del bebé", termina pagando un costo físico y psicológico enorme, lesiones que se agravan por falta de tratamiento oportuno, cansancio extremo, y un desgaste emocional que puede derivar en ansiedad, angustia o una sensación profunda de estar fallando como madre. La evidencia en salud pública ha documentado que no poder sostener la lactancia como se esperaba genera en muchas mujeres un impacto emocional negativo real, no imaginario. Celebrar la lactancia sin hablar de este sufrimiento es contar solo la mitad de la historia.

La pregunta, entonces, no es si debemos promover la lactancia materna, debemos hacerlo, sus beneficios son innegables, sino ¿cómo lo hacemos? y ahí está la clave; la diferencia entre acompañar y presionar no está en el mensaje, sino en la disponibilidad real de ayuda. Una madre con dolor no necesita otro afiche recordándole los beneficios de la leche materna; necesita que alguien revise su técnica de agarre esa misma semana, que le explique por qué le duele, que le ofrezca alternativas concretas y que le diga, con honestidad, que pedir ayuda no es debilidad.

Esto es exactamente lo que como universidad formadora de profesionales de la salud debemos instalar como estándar, la asesoría en lactancia no puede ser un servicio de excepción reservado para quienes tienen los recursos o la suerte de encontrarla, debe ser parte de la vida cotidiana de todo control de salud del binomio madre-hijo. Consultoría de lactancia accesible, seguimiento en las primeras semanas, las más críticas y las más dolorosas, y equipos de salud entrenados para escuchar antes de recomendar. Herramientas reales, no solo buenas intenciones.

También necesitamos revisar ¿cómo contamos las historias de éxito?, cuando solo visibilizamos a las madres que "lograron" amamantar contra viento y marea, sin querer estamos construyendo una vara que muchas otras mujeres sentirán imposible de alcanzar, y una culpa silenciosa para quienes, por dolor, por salud mental, por circunstancias de vida, no pudieron o no quisieron seguir lactando. Esas madres no fracasaron, hicieron lo mejor que pudieron con la información y el apoyo que tuvieron disponible. Sobreexigir no protege a nadie; solo añade una carga más a mujeres que ya cargan suficiente.

Este mes de la lactancia materna quiero invitar a mis colegas, a mis estudiantes y a la comunidad universitaria a sostener un mensaje distinto; acompañar sin presionar, informar sin culpabilizar, y estar disponibles con soluciones concretas cuando el dolor aparece, porque casi siempre aparece. La lactancia materna merece ser promovida con la misma fuerza con que merece ser acompañada de cerca, con profesionales capacitados, con empatía y sin juicios. Solo así dejaremos de celebrar la lactancia una vez al año para empezar a sostenerla, de verdad, todos los días.

Mg. Yoshi Shu Muñoz, jefe de carrera Enfermería UST La Serena

Madre amamantando a su bebé recibiendo apoyo profesional y acompañamiento emocional