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DÉFICIT EN COMPRENSIÓN LECTORA AFECTA A MÁS DE LA MITAD DE LOS ADULTOS EN CHILE

⚡ Puntos Clave de la Noticia:
  • El 53% de los adultos chilenos se sitúa en el nivel 1 o inferior de comprensión lectora según la OCDE.
  • La capacidad de decodificar palabras no equivale a comprender significados complejos o inferencias profundas.
  • El consumo fragmentado de información digital dificulta el desarrollo de habilidades críticas necesarias para la vida adulta.

La última Evaluación de Competencias de Adultos de la OCDE revela que el 53% de los adultos en Chile se encuentra en el nivel 1 o inferior de comprensión lectora.

Académicos advierten que el fenómeno trasciende las aulas y puede impactar en la empleabilidad, el ejercicio de derechos, la exposición a la desinformación y hasta en la calidad del debate democrático.

Leer una noticia, revisar un contrato o enfrentarse a las condiciones de un crédito son acciones cotidianas. Comprender realmente lo que esos textos dicen, sus implicancias y aquello que eventualmente omiten es una tarea bastante más compleja. Y es precisamente allí donde Chile enfrenta uno de sus principales desafíos educacionales y sociales.

De acuerdo con la Evaluación de Competencias de la Población Adulta 2023 de la OCDE, un 53% de los adultos chilenos entre 16 y 65 años se encuentra en el nivel 1 o inferior en comprensión lectora, frente a un promedio de 26% entre los países de la organización. En el extremo contrario, solamente un 2% alcanza los niveles 4 o 5, asociados a la capacidad de evaluar textos extensos y complejos, comprender significados implícitos y utilizar conocimientos previos para interpretarlos.

Para Guillermina Guzmán Leal, académica, magíster en Lingüística Hispánica de la Universidad de Santiago de Chile y profesora de Castellano de la Pontificia Universidad Católica de Chile, el fenómeno obliga a diferenciar entre la capacidad de leer y aquella que permite construir significado a partir de lo leído.

“Una persona puede decodificar perfectamente las palabras de un texto y, sin embargo, no comprender su sentido profundo. La comprensión lectora supone relacionar ideas, realizar inferencias, reconocer intenciones, distinguir información relevante y ser capaz de construir una interpretación propia. Es una competencia mucho más compleja que simplemente saber leer”, explica Guzmán.

El problema tampoco puede atribuirse a una sola causa. A las brechas históricas del sistema educacional se suma una transformación radical en la manera en que las personas consumen información. Redes sociales, notificaciones, titulares y contenidos audiovisuales breves favorecen un consumo cada vez más rápido y fragmentado.

Según Guzmán, esto plantea nuevos desafíos para la enseñanza.

“No podemos responsabilizar exclusivamente a las nuevas tecnologías, pero sí debemos reconocer que nuestros hábitos de lectura han cambiado. Estamos permanentemente expuestos a fragmentos de información y eso hace todavía más necesario enseñar estrategias que permitan detenerse, interpretar, relacionar y evaluar críticamente aquello que se está leyendo”, sostiene la académica.

Un problema que trasciende la educación

Las consecuencias de una baja comprensión lectora pueden manifestarse en prácticamente todos los ámbitos de la vida adulta. Entender un contrato laboral, interpretar las condiciones de un producto financiero, realizar un trámite, evaluar información de salud o comprender una comunicación oficial requiere capacidades lectoras que exceden la simple identificación de palabras.

Para el académico y periodista Rodrigo Durán Guzmán, el problema adquiere además una dimensión relacionada con la autonomía de las personas.

“Podemos reconocer jurídicamente una enorme cantidad de derechos, pero si una persona no logra comprender adecuadamente la información necesaria para ejercerlos, su autonomía termina siendo limitada. La comprensión lectora tiene consecuencias económicas y laborales, pero también determina nuestra capacidad para tomar decisiones informadas”, afirma Durán.

La OCDE también muestra una relación entre educación y competencias: entre los adultos chilenos de 25 a 65 años, quienes poseen educación terciaria obtuvieron 39 puntos más en comprensión lectora que aquellos que cuentan con educación escolar completa. Estos últimos, a su vez, superaron en 49 puntos a quienes poseen niveles educativos inferiores.

El impacto sobre la democracia

Existe, además, una dimensión menos visible. Una democracia requiere ciudadanos capaces de comprender propuestas, comparar argumentos, contextualizar cifras y diferenciar hechos de opiniones.

En un ecosistema dominado por contenidos breves y altamente emocionales, una baja capacidad para analizar información puede aumentar la vulnerabilidad frente a discursos simplificados y desinformación.

“Cuando disminuye nuestra capacidad para comprender argumentos complejos, existe el riesgo de que los eslóganes sustituyan a las ideas y los titulares reemplacen al contenido. La desinformación ni siquiera necesita construirse siempre sobre una mentira: muchas veces basta una cifra fuera de contexto o una verdad incompleta”, plantea Durán.

Para el periodista y académico, una ciudadanía con mejores competencias lectoras posee también mayores herramientas para preguntarse quién entrega determinada información, cuál es su fuente, qué antecedentes fueron omitidos y si las conclusiones efectivamente se desprenden de los hechos presentados.

Enseñar a comprender, no solamente a leer

Abordar el problema requiere superar la idea de que aumentar la cantidad de libros leídos resolverá automáticamente las dificultades.

La enseñanza de la comprensión debería incorporar herramientas para identificar ideas principales, formular inferencias, resumir utilizando palabras propias, contrastar fuentes, reconocer contradicciones y construir argumentos.

“Leer más es importante, pero no es suficiente. Necesitamos desarrollar lectores activos, capaces de dialogar con un texto, formular preguntas y fundamentar una interpretación. La comprensión debe trabajarse transversalmente y no quedar circunscrita únicamente a la asignatura de Lenguaje”, señala Guzmán.

Por su parte Rodrigo Durán Guzmán indica que “la comprensión lectora no debería seguir considerándose solamente un indicador educacional. Estamos hablando de productividad, desigualdad, ciudadanía y calidad de nuestra democracia. Una persona que comprende puede comparar; quien compara puede cuestionar, y quien puede cuestionar tiene mayores posibilidades de decidir libremente”, concluye el académico.

Prensa

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